La kufiya es un pañuelo tradicional que usan los pueblos árabes, en general los campesinos o de la clase más baja. Aunque la estructura decorativa tiene variaciones en los diferentes pueblos y culturas, la kufiya palestina suele ser negra sobre fondo blanco de algodón o lino y representar un dibujo central que evoca las redes de los pescadores y, en las bandas laterales, motivos basados en espigas o en hojas de olivo, plantación tradicional en la zona.
La kufiya es un
pañuelo que usaban los hombres (hoy su uso se ha extendido también a las
mujeres) para protegerse del sol, o del viento, que puede cubrir la cabeza (a
menudo sujetada por un cordón llamado agal) o simplemente rodear el cuello; es
por tanto un aderezo que forma parte de la indumentaria palestina y cuyo origen
se pierde en la noche de los tiempos.
Todos recordamos
la figura de Yasir Arafat, presidente de la Organización para la Liberación de
Palestina (más tarde Autoridad Nacional Palestina) y líder del partido político
denominado Fatah, que fundó en 1959. Arafat siempre vestía la tradicional
kufiya y ayudó a que este pañuelo tradicional pasara a simbolizar la lucha
palestina por su independencia y por la creación de su propio estado… que aún
no ha sido posible, gracias a la oposición sistemática de los EEUU y al
ejercicio de su infame derecho de veto en la ONU.
Como ya he dicho,
la kufiya palestina no es un objeto que varíe con la moda, tiene un diseño
tradicional. En KUFIYA 2024 me he atrevido a modificar su diseño y plantear
otro alternativo; no porque me parezca mejor o más moderno, simplemente me
parece que, para nuestra desgracia, representa mejor la situación actual del
pueblo palestino, sometido a un genocidio sistemático durante este año 2024 por
Benjamín Netanyahu y su gobierno sionista.
Los EEUU apoyan
con singular descaro estos asesinatos de palestinos (mujeres y niños incluidos)
con total impunidad, destruyendo de paso Gaza y Cisjordania con la abierta
intención de ocupar todos los territorios palestinos. Los europeos asistimos
con pasividad (salvo contadas y escasas críticas) a esta situación y seguimos
vendiendo armas a Israel y manteniendo relaciones diplomáticas sin que se nos
caiga la cara de vergüenza.
Quede aquí mi
crítica a esta infamia.


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