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jueves, 17 de octubre de 2024

EL HUEVO DE LA SERPIENTE

 Comentarios a esta noticia aparecida en elDiario.es

https://www.eldiario.es/politica/garcia-ortiz-defiende-junta-fiscales-decision-no-dimitir-ocho-treintena-asistentes-le-piden-marche_1_11740846.html

 

En una situación normal, en un país normal, cuando el Fiscal General del Estado es inculpado por el Tribunal Supremo, debería presentar su dimisión de forma inmediata y luego ya veremos. Esto debe ser así en cualquier democracia que se precie... pero claro, nosotros no estamos en un país normal ni en una democracia de verdad, estamos en una dictadura. Una dictadura judicial que, por las malas artes del PP y la estulta pasividad del PSOE durante demasiados años, han derivado en esto.

La Sala segunda del Tribunal Supremo (y no solo ella, pero sin duda la que más) es un pozo de corrupción y delincuencia que trabaja, abiertamente, en favor de lo más reaccionario de este país: El PP, Vox y los que los refrendan; bancos, multinacionales, terratenientes, grandes fortunas y ricos en general.

El PSOE tuvo repetidas ocasiones, en las dos últimas legislaturas, de poner coto a este sindiós de la mano de Podemos e Izquierda Unida, pero prefirió contribuir a su desprestigio y hundimiento. Pedro Sánchez ha demostrado, con sus actos, que lo de “izquierda” es un apelativo que le viene grande ¿realmente es tan crédulo e inocente que espera que con el PP se puede llegar a algún puerto medianamente democrático?

Ha hecho bien García Ortiz, Fiscal General del Estado, en no dimitir y afrontar, abiertamente, la guerra con el Partido Judicial, capitaneado en esta ocasión por el Tribunal Supremo. Los que quieran hacer política que se presenten a las elecciones.

Llevamos, los ciudadanos, demasiado tiempo permitiendo esta situación que, repito, solo puede ser calificada como una dictadura judicial. Cuando Aznar nos la quiso meter doblada y mintió a todo el mundo (ONU incluida) sobre la autoría de los atentados del 23F, en contra de todos los datos que su propio CNI le dio; salimos mayoritariamente a la calle y propiciamos la infamante derrota de M. Rajoy en las elecciones. Es el momento de hacer otro tanto. O defendemos nuestra democracia en las calles o las calles se llenarán, a no tardar mucho, con nuestras lágrimas o, lo que es peor, con nuestra sangre. Al tiempo.

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