Otro 24 de diciembre, otro discurso del rey que, una vez más, se rodea de polémicas a favor o en contra como si fuera la voz del Oráculo de Delfos.
El discurso del rey fue, a mi modo de ver, una vez más simple y tedioso. También creo que no debe ser de otra manera pues, recordemos, el rey reina, pero no gobierna.
La dana, la inmigración y la vivienda centraron el discurso en lo nacional; los derechos humanos, la crisis climática y el derecho internacional lo hicieron en lo exterior. Todo con el mismo grado de controlada imparcialidad.
Tiene guasa, incluso, que defendiera la “democracia”, olvidando que su propia situación es un anacronismo en ella. Definió a España, una vez más, como un “estado social y democrático de derecho”, igualito que su padre, el felón, el ladrón y traidor a su patria. Juan Carlos I también decía esas cosas, con la misma calma, mientras prevaricaba y robaba a manos llenas.
“España es un gran país” el rey, y su familia, son un buen ejemplo de ello pues no les afectan ni la carestía de la vivienda (el palacio donde viven lo paga el Estado) ni la falta de empleo: el suyo es mucho más vitalicio que el de los funcionarios, pero sin necesidad de oposición para acceder a él; por “derecho de bragueta” como dijo en su día Julio Anguita, siendo dirigente de Izquierda Unida.
Concordia, diálogo con altura y generosidad entre los actores políticos, defensa a ultranza de los derechos humanos, crisis climática, democracia liberal (gracioso oxímoron), confianza en el presenta y esperanza en el futuro… Los mismos temas, las mismas palabras vacías.
Felipe VI ha hecho, una vez más, su trabajo: Representa el teatrillo anual del discurso a la nación en la señalada fecha de Nochebuena. Todo en su sitio, todo en orden y con el cariño de toda la Familia Real bien patente… Simplezas, como cada año desde que el dictador reinstauró una monarquía que la ciudadanía sigue tragando sin poder decidir nada al respecto.
No Felipe, no. Ni los estragos de la dana en Valencia son responsabilidad de todas las administraciones por igual, ni el problema de la vivienda cae del cielo, ni la pérdida de derechos que sufren los ciudadanos son responsabilidad de todos por igual. Insisto, has hecho lo que se esperaba de ti, una vez más, y te has movido con soltura entre la vacuidad y el tedio. Enhorabuena.
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